Viviendo en FLOW

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En 12 semanas comenzarás a ver cambios en tu día a día.

No porque tu vida deje de ser compleja, sino porque tú ya no participarás en ella exactamente de la misma manera.

Algunos de estos cambios pueden verse así:

detenerte antes de decir que sí y preguntarte si realmente quieres, puedes o necesitas hacerlo;

tener esa conversación que llevas meses posponiendo en lugar de seguir acomodándote para evitarla;

tomar una decisión importante sin reabrirla cada vez que aparecen la culpa, la duda o la opinión de alguien más;

decir que no, pedir algo diferente o renegociar un acuerdo con mayor claridad y menos necesidad de justificarte;

darte cuenta de cuándo estás haciendo algo porque “es lo que te toca” y preguntarte si esa sigue siendo la respuesta que quieres dar;

pedir ayuda, repartir responsabilidades o dejar de asumir automáticamente que, si algo necesita hacerse, te corresponde a ti;

descansar, disfrutar o dedicar tiempo a algo que también importa para ti sin sentir que deberías estar atendiendo otra cosa;

elegir dónde poner tu atención cuando varias cosas importantes te necesitan, sin intentar estar en todas al mismo tiempo;

reconocer antes cuándo estás empezando a dejarte fuera y hacer algo diferente antes de llegar al límite;

cambiar una decisión cuando deja de funcionarte sin convertir ese cambio en evidencia de que te equivocaste.

Por fuera, algunos de estos cambios pueden parecer pequeños. Por dentro, modifican la manera en que participas en tu propia vida.

En 12 semanas comenzarás a ver cambios en tu día a día.

No porque tu vida deje de ser compleja, sino porque tú ya no participarás en ella exactamente de la misma manera.

Algunos de estos cambios pueden verse así:

detenerte antes de decir que sí y preguntarte si realmente quieres, puedes o necesitas hacerlo;

tener esa conversación que llevas meses posponiendo en lugar de seguir acomodándote para evitarla;

tomar una decisión importante sin reabrirla cada vez que aparecen la culpa, la duda o la opinión de alguien más;

decir que no, pedir algo diferente o renegociar un acuerdo con mayor claridad y menos necesidad de justificarte;

darte cuenta de cuándo estás haciendo algo porque “es lo que te toca” y preguntarte si esa sigue siendo la respuesta que quieres dar;

pedir ayuda, repartir responsabilidades o dejar de asumir automáticamente que, si algo necesita hacerse, te corresponde a ti;

descansar, disfrutar o dedicar tiempo a algo que también importa para ti sin sentir que deberías estar atendiendo otra cosa;

elegir dónde poner tu atención cuando varias cosas importantes te necesitan, sin intentar estar en todas al mismo tiempo;

reconocer antes cuándo estás empezando a dejarte fuera y hacer algo diferente antes de llegar al límite;

cambiar una decisión cuando deja de funcionarte sin convertir ese cambio en evidencia de que te equivocaste.

Por fuera, algunos de estos cambios pueden parecer pequeños. Por dentro, modifican la manera en que participas en tu propia vida.